WHITE ALBUM (The Beatles, 1968)

Veamos: George Martin se tomó unas vacaciones en medio de las sesiones; los Beatles apenas eran ya un grupo y grababan a menudo sus pistas por separado; a Ringo le dio un pronto y se largó cabreado unos días (Paul, el muy bribón, aprovechó para tocar la batería en un par de temas);

el ingeniero Geoff Emerick también se fue a mitad de una sesión de grabación; Yoko estaba presente en el estudio, rompiendo la armonía del grupo… Y a pesar de tantos contratiempos, este doble álbum sigue siendo una fascinante galaxia de canciones y estilos inagotable. Martin hubiese preferido un solo disco en vez de doble, pero la insolencia compositiva de Lennon-McCartney (muchas de las canciones las compusieron durante su retiro espiritual en la India) merecía más espacio. Pocas canciones forman parte del imaginario colectivo del público en general, quizás ‘Back in the U.S.S.R.’, ‘Ob-La-Di, Ob-La-Da’, ‘While My Guitar Gently Weeps’, ‘Blackbird’ y ‘Revolution 1’. Pero todavía nos quedan 25 temas más para redescubrir una y otra vez. ¿Favoritos? ‘Dear Prudence’, ‘Happiness is a Warm Gun’, ‘Martha My Dear’, ‘Sexy Sadie’, la proto-heavy ‘Helter Skelter’, ‘Long, Long Long’, la vodevilesca ‘Honey Pie’… ¿Cómo, que sobran canciones? ¡Ah, lo dices por ‘Wild Honey Pie’! Pues me parece la mar de original (y todavía es más psicópata la versión de los Pixies). ¿Y el collage abstracto ‘Revolution 9’? Si ya hicieron algo tan vanguardista como ‘Tomorrow Never Knows’ dos años antes, esto no es sino un paso más adelante. Y si te parece estomagante, justo después te puedes desintoxicar con la canción con la que finalizan el doble blanco, ‘Good Night’, una de las mejores nanas de la historia (de hecho, ¿cuánta gente del rock ha hecho nanas…?) Y si 30 canciones no son suficientes, aún les sobró material para un par de singles con las magníficas ‘Lady Madonna’ (con la cara B ‘The Inner Light’, de Harrison) y ‘Hey Jude’ (con la versión rockera de ‘Revolution’ en la cara B), además de otros descartes reutilizados para sus discos en solitario, como la preciosa ‘Junk’ de Paul. [Jordi Planas, Ruta 66]

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