TUBULAR BELLS (Mike Oldfield, 1973)

Es difícil saber que hubiese ocurrido con Tubular Bells, y con la carrera de Mike Oldfield en general, si su más famosa sección no hubiese aparecido, seis meses después de su lanzamiento, en la película El exorcista. Nos podemos hacer una idea, de todos modos, comparando las ventas anteriores y posteriores al estreno de la obra de William Friedkin.

Sería un error, sin embargo, pensar que en ‘esa’ parte que nos sabemos todos de memoria está todo lo aprovechable de este sorprendente debut de Mike Oldfield en solitario. Aparte del también consabido hecho de que estamos ante un chaval de 19 años que se atrevió a lanzar un álbum con una pieza instrumental por cara, tocando además todos los instrumentos, el disco en sí es un atrevido mosaico de sonidos que conjugan la comercialidad con la calidad y la experimentación. Un enfoque musical que sorprende tanto por la habilidad de Oldfield como multinstrumentista a tan temprana edad, una habilidad forjada en los tiempos muertos que pasaba en el estudio durante sus grabaciones con otras bandas. Los efectos y técnicas usadas quizás no fueran ya innovadoras, pero lo cierto es que se usaron de manera imaginativa. Quien no haya escuchado nunca entero este disco se está perdiendo una experiencia gloriosa. (Fidel Oltra, ‘Hace 50 años’ Ruta 66)

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