THE WALL (Pink Floyd, 1979)

Esto ya es Pink Floyd en cinemascope y sonido surround. La ambición de Waters no tenía límites, y concibió este artefacto como un doble disco, un espectáculo en vivo y una película. El eje era una estrella de rock (de nombre Pink, fíjate tú) anestesiada por un éxito que traía consigo soledad, recuerdos penosos de la muerte del padre en la guerra, una etapa escolar patética y un matrimonio a la deriva.

Vamos, el reverso tenebroso del tonto mito de sexo, drogas y rock. Pero el caso es que funcionó, gracias también a la ayuda del productor Bob Ezrin, el ingeniero Michael Guthrie y los arreglos de cuerda de Michael Kamen. Wright y Mason eran casi comparsas, pero Gilmour aportaba su gran personalidad guitarrística y uno de los hitos del grupo: ‘Comfortably Numb’. De hecho, el sonido oscuro que domina esta obra ya estaba presente en Animals, aunque aquí con mayor concreción, mejor producción y una narrativa más estructurada. Eso se traduce en temas más cortos y variados, con apuntes hard-rock (‘In the Flesh?’, ‘Young Lust’, ‘Run Like Hell’), música disco (‘Another Brick in the Wall 2’), influencias Beach Boys (‘The Show Must Go On’; de hecho, Bruce Johnston es uno de los coristas) e incluso opereta (‘The Trial’). En resumen, el grupo se alejaba de los largos pasajes instrumentales y buscaba nuevos horizontes. Y lo lograron con creces. [Jordi Planas, Ruta 66]

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