La primera embestida del vendaval Bowie llegó con The Man Who Sold The World (1970), que, con Mick Ronson a la guitarra y Toni Visconti a la producción, ofrecía hard-rock psicodélico a la altura del esplendoroso folk eléctrico contagiado de aires de cabaret de Hunky Dory (1971). Todo ello en medio del culto a la propia imagen, maximizada, y luego elevada a espectáculo, en la portada aerográfica del ilustrador Terry Pastor para el álbum The Rise And Fall Of Ziggy Stardust (1972), que lo presenta como mensajero de un alienígena. Allí se encontraba la canción de éxito ‘Starman’, prosiguiendo la saga iniciada antes en ‘Life On Mars?’ y ‘Space Oddity’, en donde Bowie había fantaseado, igual que Elton John hiciera en ‘Rocket Man’, sobre vida y viajes interplanetarios. [Extraído de El amor es la droga del rock & roll, Javier Parrilla, Lenoir Ediciones]
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