SONGS IN THE KEY OF LIFE (Stevie Wonder, 1976)

En 1976, Stevie Wonder tenía 26 años y había editado (atención) 17 discos. El número 18, Songs In The Key Of Life, venía precedido por una racha imparable: 

Music Of My Mind (1972), Talking Book (1972), Innervisions (1973) y Fulfillingness’ First Finale (1974). Complicado encontrar una concatenación tan sublime. Pero quedaba el mejor…  Después de conseguir la renovación de contrato discográfico (con la Motown) más suculenta hasta la fecha, Wonder se obsesionó con su nuevo paso. Tardó dos años y medio en grabarlo, utilizó cuatro estudios y participaron alrededor de 150 personas. Salió un álbum doble, de 21 temas y una hora y 45 minutos de duración. Encontramos temas descomunales y otros muy buenos. Nada por debajo de ese nivel. Utilizó un sintetizador enorme, un Yamaha GX-1, con unas prestaciones sorprendentes para mediados de los setenta: podía grabar capas de sonido hasta conseguir orquestaciones. Las músicas son variadísimas (soul, pop, jazz-rock, funk, experimentos electrónicos, baladas) y las letras hablan de espiritualidad, de un mundo sin guerras, de africanismo y, claro, de amor. ¿Algo más? Sí, que deja dos temas ya clásicos en la historia de la música pop: ‘Isn’t She Lovely’, que trata su reciente paternidad en aquella etapa, y ‘Sir Duke’, dedicado a su ídolo, Duke Ellington. (Carlos Marcos, ‘Por qué son tan buenos estos 20 discos que cumplen 50 años en 2026’, El País)

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