LOS GRITOS DE GILLAN

La velocidad y el barroquismo de la guitarra de Blackmore, el ritmo de los temas cercanos a lo que se definiría como ‘speed metal’, fueron rasgos característicos de Deep Purple.

Como también los gritos increíbles de Ian Gillan, prototipo absoluto de los ‘screamers’ de la década de 1980. Mucho más que otros, el cantante inglés impulso las posibilidades vocales más allá de todo límite y temas como ‘Child in Time’, ‘Speed King’ o ‘Highway Star’ no habrían sido lo mismo sin él. Una voz con una extensión de cuatro octavas (el récord en el rock lo detenta el noruego Morten Harket, de los A-Ha, con una extensión de cinco octavas), que permitían que Gillan alcanzara el segundo La del piano (‘Poor Jesusalem’) y el quinto Si bemol (‘Fighting Man’). (Crónica del rock, Ezio Guaitamacchi, Redbook Editores)

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