A Vaughan lo había conocido en el Festival de Jazz de Montreux un año antes y había quedado noqueado, siendo el guitarrista que más le había gustado desde que había visto a Jeff Beck con The Tridents en los sesenta. Vaughan, que no estaba muy familiarizado con la música de Bowie, pudo hacer sus partes sin interferencias, todas en una o dos tomas. Pero está claro que sin la participación de Nile Rodgers (Chic), productor, compositor, arreglista y guitarra rítmica, el disco no hubiera sido el mayor éxito de Bowie. De hecho, consiguió justo lo que le pidió cuando un día Bowie le mostró una fotografía de Little Richard vestido de rojo en un Cadillac rojo brillante: “Nile, querido, así es como quiero que suene mi álbum”. (S. Martos & X. Valiño, ‘Cuando un musico renombrado colabora puntualmente con una banda’, Ruta 66)
LET’S DANCE (David Bowie con Nile Rodgers, 1983)
Decimos Nile Rodgers pero también podría ser Steve Ray Vaughan, porque el decimoquinto disco de Bowie contó con los dos.
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