El Hammond, un instrumento por el que siempre había sentido debilidad, era algo nuevo para él, y durante las siguientes semanas, lleno de determinación, practicaría sin pausa hasta dominarlo por completo. Por otro lado, durante su estancia en California, inspirado por toda la desazón que sufría en su forzado exilio, el cantante había estado escribiendo canciones sin parar. La mayoría de ellas estaban centradas en sus siempre atormentadas relaciones amorosas. Aun así, el resto del grupo desconfiaba del recién llegado –o así lo veía él–, y de las veintidós canciones que había compuesto solo dos, ‘It’s Not My Cross to Bear’ y ‘Dreams’, pasaron la criba. Sin embargo, pronto se acostumbrarían a él, y se convertiría en el principal compositor del combo. (Extraído del libro El legado de Duane: The Allman Brothers Band (1969-2019), de Jose Galván, Lenoir Ediciones)
GREGG ALLMAN Y EL HAMMOND B3
[…] Sin embargo, si bien hoy día nadie sería capaz de disociar su imagen de un órgano Hammond B3 y su inseparable altavoz rotatorio Leslie 122RV, hasta entonces Gregg, durante su estancia en The Allman Joys, se había limitado a tocar el piano eléctrico y un pequeño órgano Vox.
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