A finales del siglo se convirtió en un teatro, para luego transformarse en un centro de actuaciones cómicas y, en 1934, en un auditorio musical gracias a Bill Minsky, que lo abrió a los artistas de color con el famoso show Jazz à la Carte. Después de los fastos de las décadas de los 40 y 50, cuando pisaron aquel escenario los ases de la escena jazz más creativa y estimulante de la época (aquí se dieron a conocer Ella Fitzgerald y Sara Vaughan), en la década siguiente se convirtió en el templo de los artistas soyl y R&B, como James Brown, Aretha Franklin, Ottis Reding y Gladys Knight, entre otras muchas luminarias. En 1991 fue adquirido por el municipio de Nueva York. [Crónica del rock, Ezio Guaitamacchi, Redbook Editores]

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