EL PATIO (Triana, 1975)

El acontecimiento musical más relevante en la España de 1975. Este año marca el nacimiento discográfico de un trío de andaluces afincado en Madrid que medio siglo después sigue sonando mágicamente celestial.

Como dijo Gonzalo García-Pelayo, el responsable de su fichaje discográfico, a este periódico en 2021, “nadie en el rock en España ha llegado tan adentro como ellos”. “Fuera de él quizá solo Camarón alcanzó lugares tan profundos. A mucha gente sus letras le abrieron el sentido de la vida. Sus conciertos eran una oratoria”. El disco se abre con la voz penetrante de Jesús de la Rosa cantando esto: “Yo quise subir al cielo para ver, y bajar hasta el infierno para comprender, qué motivo es que nos impide ver dentro de ti, dentro de mí”. A partir de aquí ya solo queda dejarse llevar por esta música misteriosamente chamánica que funde la concepción sinfónica del rock progresivo setentudo (Genesis, King Crimson, Pink Floyd) con el flamenco. Solemne, espiritual, escalofriante, con la incisiva aportación de Antonio García de Diego a la guitarra eléctrica, este disco que habla del amor, la libertad y de la capacidad de las drogas psicodélicas para crear estados mentales inexplorados vendió apenas un puñado de unidades. Este fracaso comercial se subsanó con los dos siguientes trabajos, cuando el trío consiguió calar en todo tipo de públicos. Justo cuando la Movida empezaba a borrarlos del mapa, Jesús de la Rosa falleció en un accidente de tráfico en 1983. Tenía solo 35 años. (Carlos Marcos, ‘Por qué son tan buenos estos 20 discos que cumplen 50 años en 2025’, El País)

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