DEATH OF A LADIES’ MAN (Leonard Cohen, 1977)

Este fue el álbum más discutido de la trayectoria de Cohen debido a la asociación con un personaje aparentemente situado en sus antípodas, Phil Spector, constructor del ambicioso ‘muro de sonido’, que firmó aquí producción y músicas.

El sentido melodramático de Spector, fundido con textos centrados en el amor y el sexo, dio unos frutos extraños, de una perversa belleza. Entre masas instrumentales y vocales (con Bob Dylan y Allen Ginsberg colándose en los coros), avanzan canciones hermosas como ‘True Love Leaves No Traces’, ‘Paper Thin Hotel’ o ese ‘Memories’ con resonancias sixties. (Jordi Bianciotto, Rock de Lux)

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