Primero con In a Silent Way, que supuso un salto hacia adelante para el jazz que de repente dejó anticuado casi todo lo que se había hecho en décadas anteriores. De la mano de la guitarra de John McLaughlin, el piano eléctrico de Chick Corea y la arriesgada producción de Teo Macero, Davis electrificó su sonido acercándose al rock psicodélico y preparando el camino para que Bitches Brew, un año después y con los mismos mimbres, sentara las bases de la fusión entre el jazz y el rock, con un ojo puesto en el lugar que todo empezó: Africa […] Funcionando como un director de orquesta dirigiendo a músicos sin partituras, Miles les pasó a sus compinches unos bocetos y le dijo a Macero que pusiera la grabadora en marcha y que, sucediera lo que sucediera, no la parara. Luego, eso sí, hubo un afanoso trabajo de producción de cortar y pegar. El resultado, un disco para la historia. (Fidel Oltra, ‘Hace 50 años’, Ruta 66)
BITCHES BREW (Miles Davis, 1970)
Al ser cuestionado por su presencia en un destacado evento político, Miles Davis respondio que su merito para estar allí era que había cambiado la historia de la música cinco o seis veces.
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