Este último grupo era en realidad un supergrupo, con gente como Mick Ralphs (Mott The Hopple) y Boz Burrell (King Crimson) junto al propio Rodgers y Simon Kirke, también procedente de Free. Juntos grabaron una serie de interesantes discos, pero el que nos ocupa, su debut homónimo, es en mi opinión el mejor de todos ellos. No se trata solo de que contenga algunas de sus grandes canciones, como ’Can’t Get Enough’, ‘Movin’ On’ o la propia ‘Bad Company’, es más bien una sensación general de innovación y peligro, de un ensanchamiento de los límites del rock que profundizaba en el camino abierto por bandas como Led Zeppelin. Sin embargo aquí no encontramos extensos solos, canciones de diez minutos ni excesivo virtuosismo, sino una sublimación de las esencias más básicas del género. Por supuesto en esas esencias no pueden faltar los toques de música negra, especialmente del blues, como tampoco los guiños al boogie-rock, pero también se presta atención a ese folk campestre tan de moda en aquellos años (‘Seagull’) e incluso al soul (‘The Way I Choose’). Este primer álbum de Bad Company tiene la rara virtud de ser, a la vez, punta de lanza de un sonido que dominaría los setenta y un islote destacado en medio del agitado océano rock, cuyas olas por entonces iban y venían del glam al hard-rock pasando por el prog. (Fidel Oltra, ‘Hace 50 años’ Ruta 66)
BAD COMPANY (Bad Company, 1974)
Paul Rodgers, antes de formar parte de aquel innecesario proyecto junto a Queen, estuvo en dos de las más grandes bandas de roclk de la primera mitad de los setenta: Free y Bad Company.
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