Richard Fariña (NuevaYork, 1937-California, 1966) era hijo de padre cubano y madre irlandesa y compartió su infancia entre Brooklyn, Cuba y el norte de Irlanda. A los dieciocho años fue miembro del IRA, pero tuvo que abandonar el país. Viajo a Cuba durante la insurrección de Fidel Castro y estuvo presente más tarde, cuando los revolucionarios entraron en La Habana. Por esos años, Fariña estudiaba en la Universidad de Cornell. Desde 1959 a 1963 vivió en Londres y París, donde se ganó la vida como pudo: de guionista ocasional, cantando en la calle o en pequeños contrabandos. En 1963 se casó con Mimí Báez, hermana de la célebre Joan Báez, y regresó a California, donde terminó Hundido hasta el cielo. Sus textos breves aparecieron en revistas como Poetry, The Atlantic y Mademoiselle. Sus piezas teatrales fueron presentadas en Cornell y en Massachussets. Fue también reputado compositor de folk-rock. Con su esposa, formó un dúo que se presentó en el Festival de Newport. Grabaron varios discos, el primero de los cuales fue elegido por el New York Times como uno de los 10 mejores discos de 1965. El mismo diario opinó que el segundo, Reflections in a Cristal Wind, era “salvaje, imaginativo, poético y sorprendente”.
Richard Fariña murió en un accidente de moto en Carmel, California, a sólo un mes de haber cumplido veintinueve años y a dos días de la publicación de este excelente ejemplo de la contracultura de los sesenta. Se ha dicho con justicia que Fariña retrata esta década con la misma eficacia que, cuarenta años antes, Scout Fitzgerald reflejó al mundo la era del jazz.
Prólogo de Thomas Pynchon
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