John Lennon diría que antes de Elvis no hubo nada. Y es cierto. Hasta que Elvis no asaltó las radios y televisiones haciendo tambalear la sociedad del momento. La música popular no era ni de lejos tan popular y, desde luego, no era un instrumento de representación del sentimiento juvenil. Treinta años después de su muerte, la verdadera valía artística de Elvis se pierde entre el millón de anécdotas que pueblan su historia. Mientras pueda hablarse de los flecos de sus trajes blancos, de sus patillas y de su exagerada dieta, ¿a quién le importa la hondura casi dolorosa con la que interpretaba muchas de sus grandes canciones o el drama y la tristeza que destilan algunos de sus discos y grabaciones en directo? Este libro pretende filtrar las innumerables versiones del Rey con un poco de esa pasión sin la cual es imposible comprender la figura que vivió, en su mayor parte, para intentar hacer felices a cuantos le rodeaban, a ser posible con una canción.
Profusamente ilustrado
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